Un Mundo Feliz de Aldous Huxley

por Fran J. Velasco Lozano

Aldous_Huxley_psychical_researcher.png
Imagen de https://es.wikipedia.org

Aldous Leonard Huxley, novelista y ensayista inglés, nació en Godalming el 26 de julio de 1894; murió el 22 de noviembre de 1963 en Los Ángeles. Se graduó en literatura inglesa en el Balliol College de Oxford y trabajó para la revista Athenaeum y en la gaceta Westminster Gazzette.  En sus novelas y ensayos se muestra un espíritu crítico y una inteligencia brillante. Es además considerado uno de los padres de la psicodelia, por sus diversas meditaciones acerca de sus experiencias con mezcalina y LSD. Una de sus obras de ficción más conocidas, Un Mundo Feliz, es a la vez una de las distopías más famosas del género distópico.

En Un Mundo Feliz, Huxley nos muestra una sociedad futura en la que los seres humanos son prediseñados genéticamente según un sistema de castas y creados por series, los llamados “grupos Bokanovsky”, según el trabajo que deban desempeñar. Estas castas están organizadas según una estructura piramidal, con los “Alfas” a la cabeza, seguidos por los “Betas”, los “Gammas”, los “Epsilones” y finalmente los “Deltas” (se subdividen a la vez en “Más” o “Menos” según la calidad de su código genético).

El protagonista, Bernard Marx, es un Alfa-Más que, por algún motivo, seguramente debido a algún fallo de producción, es más bajito que los demás Alfas, lo cual dificulta sus relaciones con unos conciudadanos bastante superficiales. Bernard prefiere reflexionar y pasar tiempo a solas, otra peculiaridad tratándose de un Alfa-Más, ya que los Alfas son personas sociales y despreocupadas, que cumplen con su trabajo durante la jornada y el resto del tiempo lo pasan compartiendo momentos felices con sus allegados. Estos momentos “felices” son regularmente endulzados con “soma”, una droga sintética que hace furor en la sociedad.

Argumento de Un Mundo Feliz

El argumento de la obra gira en torno a la relación de Bernard con Lenina Crown, una Alfa que sí tiene éxito en sus relaciones sociales y que, sorprendentemente, está interesada en Bernard. Después de insistir un poco, Lenina convence a Bernard para tener una cita, pero entonces ella comprueba lo raro que es él: no toma tanto soma como los demás y no le divierten demasiado los entretenimientos convencionales.

Bernard propone a Lenina hacer un viaje a una reserva natural, donde los indios todavía siguen las costumbres ancestrales de la humanidad.  Helmholtz Watson, uno de los pocos Alfas amigos de Bernard, aparentemente el único, le aconseja tomarse esas vacaciones. Pero su jefe, al que se refieren simplemente como “el director”, le aconseja que no vaya, pues años atrás se perdió allí una chica con la que había ido de vacaciones.

Finalmente, Lenina accede a ir con Bernard, pero lo que allí encuentra le desagrada muchísimo. La suciedad y la violencia, así como el hecho de que, en lugar de ser creados en laboratorios, den a luz como los animales, le resulta demasiado y pide a Bernard que la saque de allí. Antes de regresar conocen a Linda, una Beta que se perdió en la reserva años atrás y a su hijo John, fruto de su última relación con un hombre civilizado (finalmente se confirma que son la antigua pareja del director y su hijo).

Cuando Lenina y Bernard regresan a la ciudad, Linda regresa con ellos y John, que nunca ha pisado la civilización, se impresiona y se horroriza ante una sociedad supuestamente avanzada. En las últimas páginas de Un Mundo Feliz, se nos muestra el choque cultural que padece “el Salvaje”, John, al enfrentare al mundo civilizado. Tras morir su madre, John decide finalmente quedarse en la civilización, pero no soporta el ambiente de las ciudades así que decide irse a vivir a un faro. Un día, un reportero lo descubre y la prensa empieza a acosarlo a partir de ese momento. Finalmente, decide suicidarse en el faro.

Comentarios

Podemos encontrar en las páginas de esta obra la receta para una sociedad “perfecta”: una civilización necesita estabilidad social, y no hay estabilidad social sin estabilidad individual; así que hay que mantener a los ciudadanos “felices” si lo que se quiere es que el sistema siga en movimiento.

Lo verdaderamente importante es la comunidad, el ciudadano por sí mismo no tiene importancia, solo tiene valor como parte de una sociedad y siempre que su conducta se adapte a las necesidades del grupo. Por otro lado, hay que eliminar cualquier tipo de creencia en algo superior a la sociedad, como las creencias religiosas: “¿Para qué buscar algo inamovible si ya tenemos el orden social?” [A. Huxley, Un Mundo Feliz (p.293)].

Pero este orden social consta de diferentes niveles organizados en vertical y los ciudadanos de clases altas, sobretodo los de la más alta de todas, los Alfas, sí son genéticamente diseñados para tener cierta individualidad, ya que son ellos los que toman las decisiones y se ven a menudo obligados a improvisar, por lo que necesitan tener cierta capacidad de pensar por sí mismos. Pero, aunque ellos sean el cerebro, no por ello dejan de ser, igual que los demás, “como una célula del cuerpo social” [A. Huxley, Un Mundo Feliz (p.68)].

La felicidad que experimentan es fruto del soma, la citada droga que hace que se olviden de sus problemas, y la hipnopedia, un método de adoctrinamiento mediante escucha en las horas de sueño que reciben todos desde la infancia. Por eso John acertadamente le dice a Bernard: “bueno, pues yo preferiría ser desdichado que gozar de esa felicidad falsa, embustera, que tenéis aquí” [A. Huxley, Un Mundo Feliz (p.226)]. También es muy acertado al hacer ver a Bernard que los supuestos amigos, en esta sociedad jerarquizada e hipócrita, pueden tornarse enemigos de la noche a la mañana.

Las emociones se mantienen al mínimo en esta fría sociedad y los ciudadanos son educados de forma que se mantengan ignorantes en todo aquello que no forma parte del trabajo para el que han sido diseñados; y que no tengan “libertad para ser una clavija redonda en un agujero cuadrado” [A. Huxley, Un Mundo Feliz (p.75)]. Por ejemplo, John advierte que nadie conoce a Shakespeare, aunque hacia el final de la obra se revela que sí ha sido leído por Mustafá Mond, uno de los Alfas más influyentes de la sociedad: él hace las leyes, él es quién puede quebrantarlas.

La vejez y la enfermedad han sido erradicadas para que en la sociedad no haya nada feo o malo, para que todo sea bonito y bueno. La muerte, un problema que aún no ha conseguido solucionar la ciencia, debe ser vista como algo normal, no como algo trágico, por lo que los niños asisten dos días a la semana al hospital de moribundos para acostumbrarse a ella: lo importante, se dice, es que la sociedad seguirá existiendo mientas sustituya sus herramientas humanas viejas por otras nuevas.

También la ropa vieja debe ser tirada y sustituida por otra nueva, no sería correcto arreglarla cuando tiene alguna ruptura, como antes se hacía. La gente debe comprar, tirar y seguir comprando, “los remiendos eran antisociales” [A. Huxley, Un Mundo Feliz (p. 160)]. Podemos ver aquí el reflejo de una técnica empleada por el capitalismo, la llamada “obsolescencia programada”.

En la distopía de Huxley el parto es visto como algo sucio, algo propio de los animales; se conciben como un insulto la palabra “madre”. Se considera que las personas deben ser fabricadas limpiamente en laboratorio.

Huxley no solo reflejó en su obra la falta total de cordura de una sociedad esclava de la tecnología: en el mundo salvaje también hay locura y el totalitarismo se muestra en otras formas. Es por eso que Huxley, en el prólogo que escribió dos décadas después de publicar la obra, comenta que, si volviera a escribir el libro, ofrecería a John una tercera vía, una vía cuerda, intermedia entre las dos locuras. En esta tercera vía, nos dice, “la economía sería descentralista y al estilo de Henry George, y la política kropotkiniana y cooperativista” [A. Huxley, Un Mundo Feliz (prólogo, p. 11)].

En cuanto a la ciencia y la tecnología de esta vía intermedia, serían empleadas como si “hubiesen sido creadas para el hombre, y no (como en la actualidad) el hombre debiera adaptarse y esclavizarse a ellas” [A. Huxley, Un Mundo Feliz (prólogo p. 11)]. Aldous Huxley, a diferencia de Thomas More, no nos dice si esta supuesta vía intermedia la espera o solo la desea, pues no cabe duda de que, entendida como la perfección final, no deja de ser otra suerte de utopía.

Tal vez más que en su prólogo, en la novela Huxley nos muestra la cruda realidad de la naturaleza humana. Cuando Bernard Marx se revela finalmente contra el sistema (destapando la paternidad del director), empieza a ganar popularidad, lo cual hace que se sienta importante. Ni siquiera nuestro héroe antisistema puede evitar que el éxito lo ciegue y lo lleve a comportarse de forma prepotente. Huxley, al igual que George Orwell, encuentra la causa del abuso de poder, no solo en la búsqueda de la perfección, sino en la propia ansia de poder.

Para concluir, podemos encontrar un detalle interesante en la “discronía” de esta obra. Recordemos que el término “discronía” se deriva de “ucronía”, de igual forma que “distopía” lo hace de “utopía”. Así como “utopía” se refiere a un no lugar (ou-topos) o a un buen lugar (eu-topos), “ucronía” se refiere a un no tiempo (ou-cronos) o aun buen tiempo (eu-cronos). Estos términos alternativos se utilizan para señalar el hecho de que algunas utopías son concebidas en épocas pasadas o futuras, así como la mayoría de distopías, como es el caso de Un Mundo Feliz.

Huxley sitúa su sociedad futura en el “siglo VII de Nuestro Ford”. Han pasado 700 años desde que ese tal “Ford” comenzó a dibujar las bases ideológicas de la sociedad presentada por Huxley. ¿Quién es ese tal Ford? Podemos encontrar la respuesta en el capítulo III:

“Nuestro Ford —o nuestro Freud, como, por alguna razón inescrutable, decidió llamarse él mismo cuando hablaba de temas psicológicos—. Nuestro Freud fue el primero en revelar los terribles peligros de la vida familiar. El mundo estaba lleno de padres, y, por consiguiente, estaba lleno de miseria; lleno de madres, y, por consiguiente, de todas las formas de perversión, desde el sadismo hasta la castidad; lleno de hermanos, hermanas, tíos, tías, y, por ende, lleno de locura y de suicidios.” [A. Huxley, Un Mundo Feliz (p. 66)]

Esta contundente alusión al padre del psicoanálisis muestra la opinión de Huxley hacia una ciencia que pretende comprender, y en ocasiones controlar, la mente de las personas. Se comenta que, en la época de Nuestro Ford, se buscaba encarecidamente la verdad y la belleza, pero Ford ya previó que lo que de verdad importa es la felicidad. Al contraponer verdad y felicidad, Huxley hace referencia, al igual que George Orwell en 1984, a los comúnmente llamados arcana imperii: hay secretos que deben ser guardados por unos pocos privilegiados, en pos de la felicidad comunitaria.

Utopías y Distopías:

1984 de George Orwell

La Quimera de la Perfección I: el género utópico

La Quimera de la Perfección II: el género distópico

La Utopía de Thomas More

Anuncios

5 comentarios en “Un Mundo Feliz de Aldous Huxley

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s